martes 29 de enero de 2008

Tres canciones choctaw

Canción choctaw para la muerte 1

Cuando me vaya,

esta pradera
retendrá
mis huellas
mientras
el viento
duerma.

Canción choctaw para la muerte 2

Cabalgo
el viento
hacia otro rincón
del cielo.

Canción choctaw para la danza del águila

Las plumas de águila
me hablan:
dicen,
tócanos con tus labios
y conocerás la forma
en que nosotras conocemos el viento.

domingo 27 de enero de 2008

Vamos en desacuerdo
con el tiempo.
Estos son los días que
se resumen sobre un lecho.

Pienso mejor horizontal.
Sueño mejor horizontal

que estiro el brazo
y una sonrisa inerme
va a posarse
sobre mis labios negros.

martes 22 de enero de 2008

Horacio Castillo

Hice un hoyo en la tierra
y lloré dentro de él; lloré de bruces,
hasta que el llanto llegó al fondo,
hasta que todo se anegó,
hasta que brotó de la profundidad
un tallo que nadie hubo tocado.

El Ruso

"Le había dado la primera pitada al segundo cigarrillo cuando me sobresaltó una luz enceguecedora, y al instante oí la bocina furiosa de un camión que terminaba su descanso bajo la arboleda, el bosque del camino. Al principio no entendía qué quería decirme. El frío me tenía un poco confundido y no paraba de pensar en la velocidad de los colores, en lo imperceptible que se sucede el movimiento entre la oscuridad y la luz.

—¿Adónde vas? —me gritó el hombre. Había bajado las luces y la ventanilla y me miraba con aspecto curioso.

Yo no sabía muy bien qué responderle, cómo explicarle lo que estaba haciendo.

—Yo voy hasta Azul —insistió—. Hago una parada en Catriló. Si te sirve, te llevo, pero apurate que hace un frío de cagarse ahí afuera.

Vacilé un momento, mirando la ruta roja.

—Yo también voy a Azul —le dije, sin moverme.

—Bueno, subí. Tengo agua caliente para el mate.

Me acomodé en el asiento de acompañante y me plantó un termo y un mate en la mano.

—¿Por qué estás vestido así? Sos menonita, ¿no?

—Sí.

—¿Y para qué vas a Azul?

—Voy a armar unos tinglados con una gente.

—¿Y las chapas? ¿Te las voló el viento? —dijo, y se largó a reír muy fuerte—. Ustedes son locos, los alemanes. Andan por la vida así nomás, en camisa y chaleco. Llevan la costumbre en la sangre. A mí no me agarran así en invierno ni por putas. De chico tuve neumonía y no me lo olvido más. Qué sufrimiento. Pero por lo menos tenemos unos matecitos. ¿Sabés cebar mate vos? ¿Toman mate en la colonia?

—Sí —le contesté.

—¿Son habladores, no? —y largó una carcajada larga. Yo le sonreí agradecido.

Así fue como dejé la colonia, en un camión de transporte que llevaba ganado a Azul. El camión era alto, más alto que un tractor, y desde el asiento podía observar el campo manso, vacío, que intentaba despertar a la mañana. Permanecí sentado, en silencio, durante mucho tiempo. Me afanaba por vislumbrar más colores de madrugada desde mi altura, pero el sol nunca asomó de veras. El cielo era un manto de tela grisácea que cubría la tierra enardecida, y no se escuchaba el grito de ningún pájaro. El hombre que me llevaba hablaba mucho, pero ni la velocidad de sus palabras tempranas lograba despertarme de mi sopor. Imaginaba a mi hijo corriendo en ese llano yermo, jugando con las herramientas. Me sentía como un niño sin madre, sin una madre que lo secara después del baño, y cerré los ojos para no llorar".

miércoles 16 de enero de 2008

cuarenta y seis


Sé que lo mejor del tiempo y del espacio es mío.
Nunca he sido medido ni lo seré jamás.
Aercaos y oídme: mi camino es un viaje perpetuo,
mis señas, un capote, unos fuertes zapatos
y un cayado que he cortado en el bosque.
Ningún amigo mío se sentará en mi cátedra,
pues yo no tengo cátedra, ni iglesia, ni escuela filosófica.
No llevo a ningún hombre al banquete, a la bolsa
ni a ninguna biblioteca.

Pero a tí te remonto, hombre o mujer, a la más alta cumbre.
Con uno de mis brazos rodeo tu cintura;
con el otro te muestro los paisajes de todo continente,
el camino de todos los caminos.
Pero ni yo ni nadie podrá surcar por ti ese camino.
Serás tú mismo quien habrá de hacerlo.



Walt Whitman (Canto de mí mismo)

martes 8 de enero de 2008


Buscamos calma
en el canto del ave,
y el ave llora
a nuestras espaldas.

Buscamos recato
en el aura del valle,
y el valle derrapa
en gritos de hiena.

Veneramos la apariencia,
el cauteloso paladar
del fingidor

para dormir serenos,
iluminados en
el fulgor del fuego.

jueves 3 de enero de 2008

Otra vez esta inútil
sensación de arrojo.

Los insectos se desatan
en legiones
bajo el cielo negro.
Creen que se avecina
el resplandor eterno.

Su osadía también es estúpida.
Me pregunto cómo harán
para no apartarse de la luz.

miércoles 2 de enero de 2008

Acá ya nunca se sabe
si es de noche o de día.

Por momentos uno cree
entender todo.
Pero extraño la nota amorosa,
llena de resignación,
en el velo de su voz.