viernes 30 de noviembre de 2007

Charlando

La cabeza duele. Pasa el dolor. Vuelve.

Es un rayo insobornable e hiriente,

que quema los pensamientos y los destruye.

La cabeza va quedándose vacía.

Hay que hacer un esfuerzo, cerrar los ojos, concentrarse:

hay que distinguir algo que no sea eléctrico y caótico.

Pero es inútil.

Todo se condensa alrededor del rayo que arrastra y desaloja. (...)

Es una capa densa de neblina.

Sé que estás del otro lado

en una región calma

hablando

contándome alguna cosa.


Rubén Ramírez

miércoles 28 de noviembre de 2007

O livro das ignoranças


VIII

Toda vez que encontro uma parede
ela me entrega às suas lesmas.
Nâo sei se isso é uma repetiçâo de mim ou das
lesmas.
Nâo sei se isso é uma repetiçâo de das paredes ou de
mim.
Estarei incluído nas lesmas ou nas paredes?
Parece que lesma só é uma divulgaçâo de mim.
Penso que dentro de minha casca
nâo tem un bicho:
Tem um silêncio feroz.
Estico a timidez da minha lesma até gozar na pedra.


Manoel de Barros

lesma=babosa, caracol
casca=caparazón

martes 20 de noviembre de 2007

Poesía Vertical XXII


Inventar el regreso del mundo
después de su desaparición.
E inventar un regreso a ese mundo
desde nuestra desaparición.
Y reunir las dos memorias,
para juntar todos los detalles.

Hay que ponerle pruebas al infinito,
para ver si resiste.

lunes 19 de noviembre de 2007

Breviario de podredumbre

" Me seducen las distancias lejanas, el inmenso vacío que proyecto sobre el mundo. Crece en mí una sensación de vaciedad; se infiltra en mi cuerpo como un fluido ligero e impalpable. En su avance, como una dilación hasta el infinito, siento la presencia misteriosa de los sentimientos más contradictorios que ha acogido jamás el alma humana. Soy feliz e infeliz a la vez. Estoy exaltado y deprimido, desbordado por el placer y la desesperación en la más contradictoria de las armonías. Estoy tan alegre y tan triste que en mis lágrimas se reflejan el cielo y la tierra al mismo tiempo. Aunque sea solamente por la alegría de mi tristeza, querría que no hubiera más muerte en esta Tierra.


Emile Cioran

viernes 16 de noviembre de 2007

opiniones de un payaso


Nada de lo que yo había hecho con ella lo podía ella hacer con él sin parecerme traidora o prostituta. Ni siquiera le podía extender mantequilla sobre el pan. Si imagino que ella toma del cenicero el cigarro de él y lo termina de fumar, casi me vuelvo loco, y no supone ningún alivio saber que él no fuma y que es probable que juegue al ajedrez. Algo debía ella hacer con él, y debía hablarle del tiempo y de dinero. En realidad lo único que ella podía hacer para él sin pensar continuamente en mí era cocinar, pues esto me lo hizo tan raras veces, que no sería necesariamente infidelidad y fornicación. Me hubiese gustado mucho llamar enseguida a Sommerwild, pero era aún demasiado pronto, ya que me había propuesto despertarle de su sueño allá por las dos y media de la madrugada, y conversar con él largo y tendido sobre arte. Las ocho de la noche era una hora demasiado decente para telefonearle y preguntarle cuántos principios de orden le había hecho tragar a Marie, y qué comisión había recibido él de Züpfner: ¿una cruz abacial del siglo trece, o una madona centrorrenana del catorce? También reflexioné cómo le asesinaría. A los estetas lo mejor es romperles en la cabeza un valioso objeto de arte, con lo cual sufren, aún al morir, por el crimen artístico. Una madona no sería lo bastante valiosa y es demasiado sólida, y moriría con el consuelo de que la madona se había salvado; y una pintura no es lo bastante pesada, si se exceptúa el marco, y le quedaría también el consuelo de que el cuadro se conservaba. Podría yo raspar la pintura de un cuadro valioso y estrangularle o asfixiarle a él con la tela: ningún crimen perfecto, pero un perfecto crimen estético. "


Heinrich Böll

lunes 12 de noviembre de 2007

montag

Nos resulta difícil reconciliarnos
con la lentitud de los cuerpos.
Aunque un breve susurro me eleve,
fascinante,
me deslice hasta el muelle,
de cabeza al río y a la profundidad
del oscuro petróleo primitivo.
Yo sigo aquí.

Pero el lecho del río es cierto.
Peces embotados:
ojos abiertos
donde la palabra se graba y
sí permanece.

jueves 8 de noviembre de 2007

las horas nuevas

Otra vez:
cierra los ojos,
escucha el canto del heraldo alado
que planea sobre tu vida.

Oye el ruido de la tierra
agonizar contra el suelo;
observa cómo me ve levitar y escurrirme.

Una vez que ya no esté,
cuando haya logrado abrirme de tu fuerza,
rasgar una entrada a otro cielo tenaz:
pregúntate, a ver, qué lengua desmedida
se adquiere con el silencio.

miércoles 7 de noviembre de 2007

la literatura realista y bellow

“Yo creo que la literatura realista, desde un principio, ha hablado de las víctimas. Del individuo común y corriente –y la literatura realista siempre se ocupa de individuos comunes y corrientes– en lucha contra el mundo externo que, naturalmente, acaba por vencerlo...
La corriente realista tiende a poner en tela de juicio el significado humano de los sucesos y de las cosas. La medida de nuestro realismo es la medida de nuestra propia amenaza contra el arte que practicamos. El realismo ha aceptado y rechazado invariablemente las circunstancias de la vida diaria. Aceptó escribir sobre la vida diaria, pero intentó hacerlo recurriendo a procedimientos extraordinarios. Este es el caso de Flaubert. El asunto puede ser ordinario, ruin, degradante, pero redimido por el arte. Yo trabajo apoyado en ese fundamento...
Cuando escribo, pienso en algún ser humano que pueda comprenderme. Esto lo tomo muy en cuenta. Pero no pienso en ningún lector ideal. Permítame añadir esto: cuando escribo me acepto a ojos cerrados, como ese excéntrico que no puede concebir que alguien no comprenda con absoluta claridad todas sus excentricidades”.

Entrevista a Saul Bellow de 1967

lunes 5 de noviembre de 2007

Está en llamas el jardín natal

A veces, cuando el verano se volvía demasiado intenso –era todavía una niña, en la edad del huerto–, armábamos los lechos, fuera; entonces, todo parecía tan extraño. Mis familiares volaban un poco, pero luego, se adormecían; yo quedaba escudriñando el cielo; por entre las estrellas, las antiguas naves seguían su lid. O me sobresaltaba el galope de un caballo a lo lejos, muy a lo lejos, el ladrido de los perros, en un lugar sin nombre, su eterno canto. Y estaban la hierba salvaje, el orégano, la violeta, la gallina blanca que pone un huevo negro, tal vez, desde allí –quizá– saldría un perrito, una criatura humana; un viejo pariente podría resucitar de allí.
Pero, más allá del hechizo familiar, todo se cumplía otra vez, la noche era infinita y azul y las naves partían, a la guerra de Troya.


Marosa di Giorgio

viernes 2 de noviembre de 2007

Robinson Crusoe

28 de junio.

Un poco más aliviado por el sueño y ya sin fiebre, me levanté. Como el miedo y el terror de mis sueños había sido muy grande y pensaba que la fiebre volvería al día siguiente, tenía que buscarme algo que me refrescara y me fortaleciera cuando volviera a sentirme enfermo. Lo primero que hice fue llenar una gran botella cuadrada de agua y colocarla encima de mi mesa, junto a la cama y, para templarla, le eché como la cuarta parte de una pinta de ron y lo mezclé bien. Entonces asé un trozo de carne de cabra sobre los carbones, pero apenas comí. Caminé un poco pero me sentía muy débil, triste y acongojado por mi desgraciada condición y temía que el malestar volviese al día siguiente. Por la noche me hice la cena con tres huevos de tortuga que asé en las ascuas y me los comí, como quien dice, en el cascarón. Esta fue la primera vez en mi vida, según recuerdo, que le pedí a Dios la bendición por mis alimentos.

Daniel Defoe

jueves 1 de noviembre de 2007

Atila

Perfecto, Catulo, lo que dice una mujer
hay que escribirlo en el viento
sobre la onda que huye.
También lo que pensamos,
lo que enseñamos como oráculos falibles.
Sueños, arena.
Lo que juntamos entre las albas,
sobre la onda que huye.


G. Gambolini