Tuve un sueño esta tarde.
Un sueño vertebral
en el que miles de anguilas nadaban,
furiosas, en una laguna férrea.
Los hombres fabulosos
apuraban el paso febril
para destrozar
la carne de las bestias.
Me dediqué a observar los visajes crueles,
el rictus del vicio en los rostros fallecidos
y la mano inerme que sujeta la navaja.
De más está decir
que mi sueño no fue feliz.
Y el aire del campo era tenaz,
tenaz para descansar
toda mi espalda en él.
lunes 24 de diciembre de 2007
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