La cabeza duele. Pasa el dolor. Vuelve.
Es un rayo insobornable e hiriente,
que quema los pensamientos y los destruye.
La cabeza va quedándose vacía.
Hay que hacer un esfuerzo, cerrar los ojos, concentrarse:
hay que distinguir algo que no sea eléctrico y caótico.
Pero es inútil.
Todo se condensa alrededor del rayo que arrastra y desaloja. (...)
Es una capa densa de neblina.
Sé que estás del otro lado
en una región calma
hablando
contándome alguna cosa.Rubén Ramírez

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