viernes 30 de noviembre de 2007

Charlando

La cabeza duele. Pasa el dolor. Vuelve.

Es un rayo insobornable e hiriente,

que quema los pensamientos y los destruye.

La cabeza va quedándose vacía.

Hay que hacer un esfuerzo, cerrar los ojos, concentrarse:

hay que distinguir algo que no sea eléctrico y caótico.

Pero es inútil.

Todo se condensa alrededor del rayo que arrastra y desaloja. (...)

Es una capa densa de neblina.

Sé que estás del otro lado

en una región calma

hablando

contándome alguna cosa.


Rubén Ramírez